¿Qué recuerdas de tu infancia?
Cuando se comienza a tener consciencia y adquirir conocimiento mediante la experiencia a través de los sentidos, se fija en el cerebro una cantidad deseable de memoria. Con el paso de los años, los recuerdos pueden haberse visto adulterados, romantizados en ocasiones o, simplemente perderse. Pero hay otros, los que perduran, que nos permiten volver hacia dónde fuimos.
Hace unos días me encontré a mí mismo describiendo como era la cocina de la vieja casa familiar (hoy inexistente debido a un necesario derribo), donde pasé mi infancia. Ese texto formará parte de mi próximo libro, pero eso ya es otra historia. Durante ese ejercicio descriptivo y espontáneo entendí el valor que esos recuerdos tienen para mi, tanto que me emocioné.
La distribución de los muebles, el blanco mármol que flanqueaba la cocina de leña, la ventana de doble hoja corredera de aluminio protegida por unos barrotes desconchados que dejaban a la vista las capas de pintura cuyos colores lucieron antaño; la ropa tendida, la televisión encastrada en el armario, la gran mesa de contrachapado… lo vi todo con mucha claridad, al menos así me lo mostró la memoria. Probablemente habría discrepancias entre la realidad, mi percepción y aquello que recibo hoy de mis neuronas, pero no importa. Terminé por emocionarme.
Retener lo efímero: el espacio, el alimento y las manos
Aparcada la escritura, como un motor en inercia mi cerebro continuó orbitando alrededor de esos recuerdos. Entendí, en ese divagar, la importancia que tiene la experiencia alrededor de la cocina como espacio, el alimento y las manos que catalizan ambos. Entonces llegó a mi la claridad: siempre buscamos perpetuar la experiencia, mantener el recuerdo lo más fiel posible, quizá por eso grabamos miles de videos, sacamos otras tantas fotos, todas iguales a la anterior o solo con un ligero e imperceptible cambio. Esa necesidad de retener, de sostener en el tiempo más allá de lo frágil y etéreo de un recuerdo, se manifestó en el impulso de poner remedio a la pérdida.
Así surge la idea, como en muchas ocasiones, desde la necesidad; en este caso la necesidad de proteger la cultura individual que habrá de conformar la colectiva. Nace así este proyecto: un fondo biográfico del gusto.
Si quieres formar parte de este proyecto aportando tus recuerdos solo tienes que cumplimentar el siguiente formulario y contactaré contigo para concertar una entrevista.

