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Refugio

En un punto histórico como en el que nos encontramos, suplimos nuestras carencias sociales y laborales con una reestructuración interna ácida e incómoda, refugiándonos en lo más sagrado de nuestro día a día: el alimento.
Siempre se dijo que no hay mal que por bien no venga y bien es cierto que el creador de este dicho o bien fue optimista en exceso o simplemente estaba drogado. En cualquier caso, la fortuna a veces nos sonríe de soslayo, aunque no nos demos cuenta.

Este momento de parón obligado, de reflexión y de fomentar el pensamiento (queramos o no), la vida sobreexcitada de información, de sobre esfuerzo, de obligaciones impostadas, se da cuenta que en medio de la triste incertidumbre se halla la constante del comer.
En gran medida nuestros hábitos de consumo han cambiado sustancialmente durante el último mes. No así en el 100% ya que hay quien no quiere, no sabe o no le apetece modificar sus rutinas alimenticias.

Por suerte, algunos/as han visto una oportunidad para desarrollar nuevas habilidades culinarias, o mejorar las que ya poseían, y destinan este tiempo estirado a elaboraciones tan básicas como necesarias. Esto me resulta maravilloso.

Decenas de profesionales (y no profesionales) comparten sus conocimientos en redes sociales mediante videos, directos y demás herramientas, en las que muestran cómo elaborar algo tan propio, tan incrustado en nuestra gastronomía como es el Pan.

Ahora, y solo ahora, hay quien descubre el sabor de un buen pan, con su levadura fresca o mejor aún con su masa madre, que ellos mismos elaboran con ilusión.
Sabor de verdad, pan de verdad.
No voy a entrar en las calidades de las harinas que se obtienen de manera habitual en los supermercados, daría para hablar demasiado.
Pero me hace muy feliz saber que gran parte de la ciudadanía va a redescubrir el Pan, el de verdad o, al menos, uno muy cercano a este.

Espero que ese sabor, esa calidad, se adhiera a nuestras mentes y se vuelva radical, favoreciendo el desprecio más absoluto hacia esas masas necias que se empeñan en meternos a diario a cambio de dos perronas.
Resulta llamativo ver que, sin haber escasez de este producto en ningún momento, es el Pan lo que más se está elaborando en nuestras casas. ¿Será cuestión de necesidad genética? ¿Un básico del autoabastecimiento que nos da tranquilidad en momentos críticos? ¿Simple entretenimiento? Sea como fuere, bienvenido sea.

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