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Sabroso rojo

El año pasado pude formar parte, como alumno, de un pequeño grupo donde aprendí muchísimo sobre agricultura ecológica y fue en uno de esos días de formación donde pude disfrutar de la amena charla impartida, de forma espontánea, por Valentín del Proyecto Fresneda. Escuchar hablar a este hombre consiste en quedarse embobado admirando no solo sus conocimientos, sino también su capacidad de transmitirlos.
En un momento en el que dicha conversación derivó hacia el alimento y como este nos ha manipulado para obtener sus fines me descolocó.

Primeros alimentos

Como decía, Valentín nos ofreció sus conocimientos, entre los que destacan, por su profundidad, los científicos.
Entre anécdotas, curiosidades, datos y experiencias, hizo un breve impás para compartir lo que sigue siendo una incógnita y que al menos yo nunca me hubiera parado a pensar en ello.
El ser humano se alimenta, entre otras cosas, gracias a los múltiples frutos que ofrecen las diferentes variedades de plantas y más al inicio de nuestra historia como especie, momento en el que poco más hacíamos que consumir vegetales.
El abastecimiento de alimentos se producía siempre de forma oportunista, a veces con suerte, otras con menos o ninguna, dependiendo constantemente del proceso estacional y el ciclo de vida natural del entorno. Hojas, raíces y tubérculos, flores y frutos conformaron la esencia de nuestra alimentación. Pero ¿Cuál era el motivo por el que nos guiamos para seleccionar uno u otro alimento? ¿Cuáles fueron aquellos que, por sus características físicas, organolépticas y beneficiosas tendíamos a comer?
Hoy sabemos, gracias a la ciencia, que nuestros sentidos han evolucionado con el fin de volvernos más seguros, más prudentes, en cuanto a la alimentación me refiero.
Hemos sido capaces de, a través de ensayos y errores, sustos e incluso la muerte, disponer de un claro inventario de especies comestibles y el tratamiento que debemos darles a aquellas que no lo son tanto.

El sentido evolucionado

El ser humano tiene la capacidad, frente al resto de mamíferos, de distinguir más colores disfrutando de una visión menos limitada dentro del espectro electromagnético. Somos tricómatas, es decir, percibimos tres pigmentos principales gracias a receptores oculares adaptados a ello. Entre los colores que tenemos la capacidad de diferenciar y en sus tonalidades está el rojo. Pero debemos retroceder hasta el origen de nuestra especie para entender la importancia de este hecho en la supervivencia de esos primeros primates. Ser capaces de diferenciar los frutos del verde follaje supuso una mejor alimentación a determinados ejemplares. Una mejor alimentación supone una mayor capacidad de supervivencia y por lo tanto una ventaja en la transmisión genética. Este es un momento perfecto para recordar la teoría de la evolución de Darwin.

Hemos sido manipulados

Ahora es cuando viene la pregunta del siglo ¿Consumimos frutos de color rojo por que se ha producido esa mutación genética en nuestra visión debido a una necesidad alimenticia o ya disponíamos de esta capacidad y los vegetales se aprovecharon de ella volviendo más llamativos sus frutos?
Planteándolo de otra forma ¿Somos el resultado de una necesidad o de una manipulación? Imaginar los vegetales como en un ser pensante, con la capacidad de modificar sus características físicas a fin de llamar la atención de animales y dispersar su simiente suena, a priori, demasiado fantástico. Sin embargo, existen multitud de ejemplos en la naturaleza en los que un vegetal se ha transformado con este mismo fin, siendo ejemplo de ello la Orquídea abeja (Ophrys apifera), cuya flor asemeja la forma de este insecto y desprende aromas similares confundiendo a los machos que tratan, sin éxito, de fecundarla y acaban frustrados y rebozados en polen hasta que ven otro ejemplar de esta orquídea y se lanzan hacia ella llevando consigo la carga genética de la primera.
Entonces ¿Con que versión nos quedamos? ¿Adaptamos nuestra visión para encontrar con facilidad frutos rojos o las plantas se adaptaron para llamar nuestra atención? En cualquiera de los casos ha habido una evolución pareja entre diferentes reinos permitiéndonos disfrutar de una variada multitud de alimentos, no solo rojos, sino también de multitud de colores. He de aclarar que los frutos cuyos colores son rojos, parece ser, disponen de mayor cantidad de proteínas, sumamente necesarias e interesantes para la supervivencia de nuestros ancestros.

Rojo sangre

Siguiendo en esta linea ¿Qué otro alimento, indispensable para la evolución humana, tiene este llamativo color? Rojo sangre quizá sea la denominación más común hacia un rojo puro, brillante y llamativo que nos lleva a sentimientos encontrados. Por un lado el daño, la pérdida, por otro la carne, el alimento, el sustento.

La carne. La carne sigue siendo hoy día un alimento importante en nuestra dieta y ha sido el detonante de nuestro salto evolutivo. sin ella no seríamos lo que somos. Nuestro cerebro evolucionó hacia algo diferente cuando las proteínas de origen animal, con gran valor biológico, comenzaron a formar parte recurrente en nuestra alimentación.

Por esto, y muchas más razones, no podemos pensar en los alimentos como algo estático que consumimos por inercia o que no tiene un por qué significativo. Nuestra alimentación no es simple y proviene de una serie de sucesos ocurridos durante todo nuestro andar como ser humano. Ejemplo de ello es el sabor, ¿Por qué nos gustan más los alimentos grasos, dulces o salados? Vayamos a algo más básico ¿Por qué somos capaces de distinguir estos y otros sabores? Y hablando de sabores ¿Necesitamos oler para saborear o se trata de una función exclusiva de la boca? Esto os lo cuento otro día.

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